
Obviedad: Si queremos ganarnos la vida, tenemos que hacer algo que otros necesiten/deseen comprar y que no pueda ser hecho por una máquina.
Justificación: Es tan fuerte la tendencia a guiarnos por lo que nos gusta aún cuando no nos convenga, que nuestro deseo de repetir una rutina puede retenernos en un intento frustrado de ganarnos la vida.
Con tal de pasarla bien, nos hacemos trampa. La pasamos bien si conseguimos una fuente de ingresos que además nos dé placer ... o por lo menos que no nos moleste demasiado.
El desarrollo tecnológico que caracteriza nuestra época nos pone en aprietos a quienes preferiríamos ganarnos la vida como Homero Simpson: atendiendo la consola de una central nuclear que aparentemente es muy fácil porque si él puede hacerlo, seguramente no exige ni esfuerzo ni inteligencia.
En suma: La tareas rutinarias son una fuente de ingresos en vías de extinción.
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