domingo, 31 de mayo de 2009

Diversión explícita

Podemos pensar varias cosas, de las cuales elijo solo dos:

1) La pobreza es un problema fácil de resolver pero continúa existiendo por falta de voluntad política (de quienes detentan el poder del planeta desde hace siglos) o de los propios pobres que no tienen voluntad para salir de su condición.

2) La pobreza es un problema difícil de resolver y si no ha sido resuelto todavía es precisamente por eso, porque el ser humano no ha encontrado la solución.

Ambas explicaciones podría ser ciertas, pero como se contraponen, la única manera de hacer algo y no quedarse paralizado por una duda eterna es adherir a una sola de ellas y desconocer momentáneamente la otra.

En mi caso elegí la que más me gusta y es la 2): La pobreza patológica (o sea, la pobreza que se padece y no se disfruta) es un problema difícil de resolver porque tiene muchas causas.

¿Por qué elegí la que más me gusta y no la más creíble? (Visitar lo publicado) Porque ninguna de las dos son creíbles antes de profundizar en la investigación de la mayor cantidad posible de matices que tiene el fenómeno. Lo más importante es que esta opción es la que más me gusta y si no fuera así no tendría energía para trabajar.

A veces pensamos que hacemos lo que hacemos porque no tenemos más remedio. Quizá quede mal decir que hacemos lo que hacemos porque nos gusta, porque nos da placer. Queda bien decir que hago lo que hago porque es lo más justo, lo más conveniente, lo más racional, pero no sería cierto.

Le hago este comentario porque como usted y yo somos muy parecidos, por ahí se siente mejor no disimulando que hace lo que hace porque disfruta haciéndolo. Si a mí me sirve quizá a usted también.

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16 comentarios:

Miriam Favaloro dijo...

En mi cabeza no conviven el placer y el trabajo. No lo admito: o uno la pasa bien o trabaja. ¿como hacer las dos cosas a la vez? No me parece lógico.

Nelsa dijo...

Vamos licenciado, tu eres un licencioso, alcohólico y farrista. No tienes por qué argumentarnos.

Leticia Cambre dijo...

Tiene razón doc, pero ese tipo de confesiones sólo puedo hacerlas frente a mí misma. ¿Igual vale, no?

Sarita dijo...

Su espíritu científico es muy loable, aunque un poco perezoso ¿nunca se va a poner a profundizar en la investigación de la mayor cantidad posible de matices que tiene el fenómeno de la pobreza?

Martina Scasso dijo...

Es cierto, yo hago lo que hago porque no tengo más remedios.

CHECHU dijo...

YO HAGO LO QUE SE ME CANTA

Augusta Massa dijo...

No lo hago por placer. Es mi deber de esposa y el método indicado por Dios para la procreación.

Marosa Cebustiana dijo...

Cuando mi esposo me dice "vengo destrozado del trabajo" con una sonrisa celestial en los labios, pienso dos cosas: 1) le encanta su trabajo. 2) este andá a saber de dónde viene.
Me gusta más la 1 porque de lo contrario no tendría energía para seguir adelante.

López dijo...

Estoy deseando empezar a disfrutar la pobreza que padezco, así me saco esta patología de encima.

Mafalda dijo...

Algunas madres dicen que juegan con sus bebés para hacerles estimulación temprana.
¡Qué hipócritas!

Manuel Bígamo dijo...

Quizás quedé paralizado porque me adherí a dos de ellas...

Marta Vestisanti dijo...

¡Todos los hombres son iguales! Eligen a la que más les gusta y desechan a la más creíble.

Fernando Losada dijo...

Pero con mucho tino: hay que hacer lo que más nos gusta pero diciendo que lo odiamos. Si decimos que nos gusta, nos sobrecargarán y ahí sí que perderemos el placer.

Pato Curcci dijo...

Alerto sobre un problema importante que se relaciona con la pobreza patológica o sana, no sé.

Cuando uno se divierte paga y cuando uno se sacrifica cobra. Si se divierte cuando trabaja, puede pasar que no le quieran pagar y hasta que uno se avergüence de intentarlo.

Ojo: esto es importante.

Duilio Minetti dijo...

Es más fácil culpar que encontrar las causas e implementar soluciones, muchas veces arriesgando costos económicos y anímicos.

Elisa dijo...

Los trabajos siempre tienen más de feo que de lindo. Todos hacemos lo posible por evitar lo feo. Lo hacemos porque de lo contrario nos castigan, pero no creo que alguien haga algo voluntariamente que le resulte desagradable.