
Una de las formas en que se nos presenta esta “falta de ideas” consiste en tener ideas sí, pero tan grandiosas que cuando pretendemos llevarlas a la práctica nos damos cuenta que nos faltan recursos.
Imaginemos que dos amigos festejan el haber recibido el título de maestros de nivel escolar y las ideas que tienen para poder empezar a ganar dinero giran en torno a fundar una institución para diez mil alumnos de la cual serían directores, o de lo contrario la creación de un instituto de enseñanza para adultos mayores que incluya hidromasaje, computación, etc.
Estos jóvenes y estudiantes recién titulados tienen muchas ideas. La dificultad que tienen es que esas ideas no se pueden poner en práctica. ¡Nada menos!
Al leer esto usted tendrá la sensación de que esos jóvenes maestros son unos ilusos, inmaduros, desvinculados con la realidad, pero no es tan así: Nuestro cerebro no puede crear ideas con exactitud, con realismo, ni siquiera con una dosis de lógica satisfactoria.
Las ideas pueden no surgir, pueden surgir en forma exagerada, irrealista, utópicas, idealistas, y muy rara vez aparece una perfecta, realista, realizable y aún en este caso, quizá la desechemos porque no sabemos que es tan buena.
En general, no hay más remedio que pensar, probar, trabajar, arriesgar, estar dispuestos a perder y estar preparados para un éxito sorprendente.
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