domingo, 28 de agosto de 2011

Las corrupciones

El dinero corrompe de varias formas, por ejemplo, induciendo a la realización de actividades penalmente riesgosas, por puro aburrimiento.

En otro artículo (1) propuse un punto de vista alternativo.

Ahí decía que el dinero puede ser mortífero cuando su abundancia provoca una pérdida excesiva de necesidades y deseos (2) en tanto estos son estímulos imprescindibles para que se conserve el fenómeno vida (3).

En otro artículo (4) les decía textualmente que «El horror a la propia putrefacción por muerte nos aleja del dinero que puede ser el atractivo que nos «corrompa» o nos deje «podridos en plata».»

Parecería ser entonces que las ideas que segrega mi cerebro se orientan a considerar que la corrupción que tanto nos escandaliza, no sólo refiere a la degradación social que provoca sino también al fenómeno físico de putrefacción del cuerpo derivado de una muerte clínica provocada por la ausencia de los estímulos que generan las necesidades y deseos.

En otras palabras: es probable que muchas personas teman, huyan, le tengan fobia al dinero porque lo consideran indirectamente aburridor, tóxico y mortífero.

Lo que puede ser paradojal y por lo tanto, nada extraño en nuestra conducta, es que a medida que alguien gana dinero y comienza a sentirse agobiado por la falta de estímulos (necesidades y deseos), busque evitar la desvitalización, abatimiento y desgano, ampliando más y más la búsqueda del mismo dinero que lo intoxica.

En este círculo vicioso, es muy probable que los estímulos cada vez más abundantes necesarios para contrarrestar la anestesia provocada por el poder de compra, induzcan a quienes ingresan en tal vorágine a tomar riesgos penalmente castigados, todo lo cual también es una camino hacia la corrupción en sus dos acepciones: la degradación en la calidad de vida social y en un eventual fallecimiento por falta de estímulos eficaces.

1) La tolerancia a la saciedad
2) La propia putrefacción
3) El psicoanálisis es un administrador
4) La propia putrefacción

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10 comentarios:

Ernesto dijo...

Es verdad que siempre he disfrutado más lo que he adquirido con esfuerzo. El objeto cobra más valor cuando se impregna de nuestro trabajo.

Evangelina dijo...

La anestesia consumista nos aparta del camino verdadero. Olvidamos el valor de la palabra de Dios. Nuestro único fin es amarnos los unos a los otros. Allí encontraremos la gloria.

Cacho dijo...

Es cierto Evangelina. Una vez estábamos amándonos los unos a los otros y allí me encontré a la Gloria, que hacía una punta de años que no la veía.

J.P. dijo...

Provengo de una familia privilegiada, no lo puedo negar. Durante mi juventud encontré ganas de vivir en las carreras de autos. La velocidad me generaba adrenalina y comencé a enviciarme con esa sustancia que activaba mi impulso vital. Pero siempre lo hice dentro de las normas de seguridad establecidas. Estoy en contra de las picadas que arriesgan la vida propia y la de terceros. No sé si es que hay inconsciencia o que ya no les importa nada.

Malevo dijo...

Aliviar el hambre es algo muy concreto que puede dar una felicidad enorme a quien descubre en si mismo el poder de hacerlo. En los países desarrollados no existe casi el hambre de comida, pero podemos descubrir otras necesidades. Pueden ser más difíciles de satisfacer y por lo tanto menos gratificantes para quien ofrece el servicio.
Tener mucho dinero y ofrecerlo para la gratificación de otros, seguro te debe hacer sentir como un rey. Me imagino por ejemplo, ofreciendo en forma anónima el dinero para construir una hermosa piscina pública, que cuente con todo el confort y el mejor mantenimiento. Me veo detrás del vidrio observando disfrutar a la gente. Eso me haría sentir maravilloso.
Pero a no confundirse. Eso no es ser bueno, pero no deja de ser una manera útil de gratificarse y de inyectarse vida. En ese sentido, el dinero puede ayudarnos a salir de la depresión.

Jorge dijo...

Me encanta el sueño de Malevo y me quedé pensando en qué quiso decir con que eso no es ser bueno. Por qué no? Es hacerle el bien a otros. O se trata de que para ser buenos tenemos que padecer. Hay que sufrir, privarse, para ser buenos? Es malo el amor a uno mismo?

Pablo dijo...

Me enganché en el tema de Malevo y Jorge. A mí me enseñaron que ser bueno es dar de lo que a uno le falta. Que dar lo que a uno le sobra no tiene valor alguno. Hoy eso me lo cuestino y sigo sin entender, al igual que Jorge, por qué la única forma de ser bueno es compartir lo poco que se tiene.

Damián dijo...

Pensando en lo que dice Pablo, creo que el valor de compartir lo poco está en que no siempre hay abundancia como para dar de lo mucho. Entonces, como humanamente nos cuesta compartir cuando lo que hay es poco, se nos enseñó desde chicos el sacrificio. Aprender ese sacrificio y verlo como un alto valor, es bueno porque garantiza la supervivencia de la especie. Imaginemos un lugar donde escasea el agua. Todos los que nos rodean están en la misma situación, por eso serán más los que sobrevivan en caso de que lo que haya se pueda repartir. A veces ni siquiera da para eso. Entonces con realismo, las madres abandonan a los hijos más débiles para intentar que sobrevivan los más fuertes. Difícil de entender para quien lo ve de afuera, pero es el comportamiento instintivo más correcto.
Bueno, me fui un poco por las ramas, pero espero que mi aporte haya servido de algo.

Cecilia dijo...

Qué es la degradación de la calidad de vida social? Me respondo a mi misma y digo que podría ser la pérdida de la fraternidad. Vuelvo a cuestionarme y pienso: como sociedad, alcanzamos alguna vez la fraternidad? Creo que la encontramos muchas veces, pero no hemos sido capaces de sostenerla como telón de fondo para la vida de todos.

Laura dijo...

Cuando camino por las góndolas del supermercado, mirando con fruición qué puedo comprar, sé que algo en mi vida está funcionando mal.