domingo, 3 de octubre de 2010

La autoagresión combativa

Desesperado porque el gerente no lograba reconocer mis virtudes como trabajador, un día junté coraje y le pedí una entrevista urgente.

Luego entendí que el trámite urgente para ese señor, significaba demorar la autorización el doble de tiempo.

Cuando estuve frente a él, lo vi trabajar, leer, buscar papeles, mientras me preguntaba: — «¿Qué desea tan urgentemente el señor Mieres?»

Mis piernas pujaron por irse, luego por aflojarse pero a regañadientes resolvieron quedarse.

Con toda la valentía que aprendí de Sylvester Stallone, Robert de Niro y Al Pacino (imagen), le dije: — «Si no me aumenta el sueldo, me voy».

Entonces sucedió lo increíble, lo jamás imaginado, algo que nunca ocurrió en Hollywood: ¡no se asustó!, ¡no se puso pálido!, ¡no se le cayó la quijada y quedó babeando!

Como si estuviera libretado por Quentin Tarantino, el desgraciado me dijo sin dejar de atender sus asuntos: — «¿Cuándo se va?».

En ese momento me arrepentí de no haber atendido el intento de fuga de mis piernas.

Pero, como dicen los chinos, «las crisis son una porquería, ojalá no ocurrieran nunca, pero si tenemos la desgracia de padecerlas, quizá sean una maldita oportunidad» (¿usted sólo conocía la versión abreviada?).

Tal cual, salí de ahí con la sensación de que yo no soy imprescindible para este magnate de las finanzas, para este señor todopoderoso, para este engreído que algún día me tendrá que rogar que vuelva a ser su colaborador.

Pasadas las décadas, eso aún no ha ocurrido, pero las personas maduran muy lentamente y a veces mueren sin lograrlo.

Algo que me mantiene convencido de que estuve bien, es que existen trabajadores que luchan dejando de comer.

Las huelgas de hambre me hacen pensar que la autoagresión es rentable, efectiva, capaz de doblegar la voluntad de los capitalistas inhumanos.

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9 comentarios:

Aldo dijo...

Hay que medir fuerzas antes de pelear.

Nahuel dijo...

Si todos pensaran como Aldo, habría que dejarse humillar por todos los que son más fuertes que uno.

Magela dijo...

No sé por qué pero el final de su artículo me parece un poco irónico

Daniel dijo...

Yo apoyo las huelgas de hambre con mi guitarra y mi poesía.

Gumersindo dijo...

Y bueno Daniel, no estamos como para despreciar nada. Agite nomás.

Morgana dijo...

Cuál es su planteo de hoy? Que la autoagresión no es rentable? Depende...

Olga dijo...

Los psicoanalistas dicen que de toda enfermedad sacamos algún que otro beneficio secundario; de todos modos esos beneficios nunca son rentables, ni literal, ni metafóricamente.

Lucas dijo...

Cuando uno tiene la necesidad biológica de combatir, combate, no le queda otra.

Sandra39 dijo...

El gerente actuó de esa manera que ud. describe porque con cada uno de esos pequeños actos (demorar en atenderlo, mostrar desinterés, etc)le deja en claro que ud no es para él un colaborador o un empleado. Ud. y sus compañeros formaban parte de los insumos menos valiosos, más fáciles de reemplazar, menos costozos.