martes, 21 de diciembre de 2010
Licencia neuro-dactilar
Me tomo un pequeño descanso pero no se abstengan de agregar o leer comentarios, pues algunos están muy buenos. Vuelvo el 20/01/2011. Un abrazo!
domingo, 19 de diciembre de 2010
sábado, 18 de diciembre de 2010
Silenciosos ricos y ruidosos pobres

Los espectadores de tales eventos guardan un silencio casi reverencial para no perturbar la concentración de los contendientes.
Ocurre todo lo contario con el boxeo, el básquetbol y el fútbol. Tan es así que muchos espectadores se ponen de espaldas a los jugadores para interactuar de diferentes formas con quienes ocupan las ruidosas tribunas.
Más aún: en el último Campeonato Mundial de Fútbol (Sud-África 2010), los lugareños y otros invitados, no pararon de hacer sonar unas cornetas (vuvuzelas - imagen) de estridencia ensordecedora.
En suma: el silencio contribuye a la concentración mientras que el ruido la impide. Es posible interpretar que los bajos niveles acústicos pueden ser una señal de consideración, mientras que la polución acústica deliberada, evidencia rudeza, desconsideraicón, irreverencia.
Amplío el concepto para decir que dentro de las condiciones de trabajo (o de actividad), la polución acústica determina diferencias muy significativas.
Una hipótesis que cuenta con grandes posibilidades de acierto (dada su popularidad), dice que los pobres son mayoría porque también son mayoría quienes generan una escasa productividad, que a su vez está favorecida (o provocada) por las precarias condiciones de trabajo (escasos respeto, salubridad y atención).
Pondré un ejemplo.
Es una condición infaltable en quienes no logran prosperar económicamente, un elevado y persistente estado de ansiedad (estrés).
Suelen ser personas que no pueden o no saben esperar, que no tienen paciencia, que parecen demasiado apuradas en obtener los resultados que buscan.
Si comparamos las clases socio-económicas que practican los juegos silenciosos con las clases socio-económicas que practican los juegos ruidosos, podemos encontrar la coincidencia en que los silenciosos, reservados, austeros y tranquilos, disfrutan una mejor calidad de vida que los ruidosos, vocingleros, exultantes, ansiosos.
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jueves, 16 de diciembre de 2010
miércoles, 15 de diciembre de 2010
Significante Nº 816

martes, 14 de diciembre de 2010
domingo, 12 de diciembre de 2010
Cómo conducir una hoja que vuela

Cuando los acontecimientos que nos acompañan resultan frustrantes (perdemos el trabajo, una pequeña manchita altera el aspecto del cutis, nuestro cónyuge no responde a nuestras expectativas),
— suponemos que todo eso tiene una causa conocida,
— suponemos que existe una técnica para eliminar la causa o compensar sus efectos indeseables,
—suponemos que con inteligencia y buena voluntad, la felicidad no sólo existe sino que puede ser permanente.
En suma: todos queremos organizar la realidad para que se adecue a nuestra conveniencia.
A medida que pasan los años y este emprendimiento fracasa sistemáticamente, comenzamos a pensar que quizá lo más conveniente sería que fuéramos nosotros quienes intenten adecuarse a la realidad.
Esta actitud suele ser calificada como resignación, conformismo, estoicismo.
Según en qué cultura vivamos, estos vocablos tienen una connotación positiva o negativa.
Para algunos, «resignarse» es ser cobarde, apático, débil y para otros es ser valiente, sabio y fuerte.
Estas alternativas tienen detrás sendas filosofías y sus autores principales se dedican a ofrecer argumentos que permitan fundamentar una u otra.
Sin embargo, creo que estas opciones no existen.
Efectivamente, mis creencias en el determinismo (y mi escepticismo frente al libre albedrío), me llevan a pensar que nuestras circunstancias nos imponen cierta actitud (resignación o rebeldía) que luego intentamos justificar con argumentos filosóficos, para no perder la esperanza en que
— «hacemos lo que nuestra inteligencia nos indica»;
— «nuestra conducta está plenamente justificada porque no somos animales esclavos de los instintos»;
— «somos respetuosos y obedientes de las órdenes de nuestros amos».
Este punto es esencial:
Observe cómo nuestros fundamentos se encolumnan tras algún personaje prestigioso (Dios, Sartre, Cristo, Fidel Castro, Freud, etc.).
Conclusión: cuando adherimos al pensamiento de cierta ideología, religión o doctrina, estamos siendo esclavos de un amo (1).
(1) El amo y el esclavo viven diferente
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viernes, 10 de diciembre de 2010
jueves, 9 de diciembre de 2010
Significante Nº 811

martes, 7 de diciembre de 2010
Significante Nº 809

Papá le decía «quiero ser digno de tí» y ella bajaba la mirada. Así se citaban en la alcoba matrimonial y así me gestaron.
domingo, 5 de diciembre de 2010
sábado, 4 de diciembre de 2010
Para no caer en coma, no se coma la coma

Un signo de puntuación (una coma, un «punto y aparte») puede cambiar radicalmente el sentido de un texto.
En un artículo anterior (1) les ponía el siguiente ejemplo:
«Si el hombre supiera realmente el valor que tiene la mujer andaría en cuatro patas en su búsqueda».
Este pensamiento tiene dos significados opuestos, según dónde se ubique la humilde coma:
1º) «Si el hombre supiera realmente el valor que tiene la mujer,
andaría en cuatro patas en su búsqueda», significa que la mujer es muy valiosa, mientras que
2º) «Si el hombre supiera realmente el valor que tiene,
la mujer andaría en cuatro patas en su búsqueda», significa que es el varón quien tiene mucho valor.
Claro que este es un ejemplo preparado expresamente para ser claros, donde el efecto se manifiesta con especial notoriedad. En general esto no es así.
La consecuencia de cómo pensamos, es decir, de cómo usamos los vocablos y los signos de puntuación en nuestra forma de razonar, pasa desapercibida.
Daré un ejemplo para tratar de explicarme.
Alguien puede decir «tenemos que ser coherentes».
Este pensamiento, tan importante que hasta puede ser el eje de una personalidad, el núcleo de toda una filosofía de vida, el centro ideológico de un carácter, tiene por lo menos dos interpretaciones:
— debemos ser coherentes, esto es, estamos obligados, las normas de convivencia así lo imponen, mis padres, maestros y superiores me lo imponen porque mi coherencia les da la tranquilidad de que mi conducta será previsible; o
— es conveniente ser coherentes, esto es, estamos interesados en mejorar nuestra calidad de vida, atendiendo cuidadosamente a nuestra conveniencia, a nuestras necesidades y a nuestros deseos.
Si debemos, atendemos el deseo ajeno, si es conveniente, atendemos nuestro deseo.
(1) La acción inactiva
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viernes, 3 de diciembre de 2010
miércoles, 1 de diciembre de 2010
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