Hace unos días compartí con ustedes una visión del conocido refrán que dice «Dime con quién andas y te diré quién eres» (1).Comento ahí que, si en el grupo de amigos que nos contienen, que nos alegran la vida y que hasta pueden ayudarnos de diversas formas, están bien vistos los éxitos económicos, procuraremos tener éxitos económicos reales, por la aparentemente insignificante razón de que deseamos aportar esa anécdota en las reuniones periódicas.
Existen otras anécdotas que están fuera de nuestro control.
Me refiero a todo lo que ocurre con nuestro equipo deportivo, la empresa o clientes a los que estamos vinculados o el partido político que preferimos.
Existen muchos detalles interesantes en lo que refiere a cómo generamos acontecimientos reales con el objetivo de contar con datos fidedignos que nos permitan generar el guión teatral que coseche más aplausos.
Los temas principales son variados (economía, deporte, política) y también son variados los roles que cada uno recibe y acepta del grupo.
Efectivamente, en un grupo donde se privilegie la calidad de vida, puede ser bienvenido un integrante que oficie de contraste para mejorar el brillo de todos los demás.
El amigo pobre, fracasado, que no para de cometer error, es amado, integrado, incorporado porque aporta un elemento de disparidad que los demás valoran especialmente para su realce personal.
Si la suerte (aparentemente es el factor determinante) hace que en nuestro grupo de pertenencia recibamos y aceptemos ese rol negativo, notaremos que nuestras cosas irán de mal en peor y buscaremos las causas fuera de quienes amamos, necesitamos y no perderíamos por nada en el mundo.
Cuesta aceptar que la causa de múltiples fracasos y de una gestión de vida negativa, proviene precisamente de un rol que nos fuera asignado con todo amor.
Y en las familias también ocurre.
(1) La construcción de anécdotas
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