Denominase
egoísmo altruista a la búsqueda
incansable de placer personal que beneficia a otros por pura casualidad.
A
una persona ortográficamente atea se la reconoce porque al escribir su nombre
también comete errores.
A
un titiritero altivo se lo reconoce porque sueña con manipular al público para
divertir a sus muñecos.
Quienes
se creen inmortales repiten «nunca», «siempre» y «jamás».
¡Falso
sería negarlo!: Quienes amamos la literatura, el cine, el teatro, de verdad
amamos la mentira.
El
erotismo apasionado no tiene cordura, ni moral, ni duración..., ni olvido.