Aunque por costumbre queremos saber cómo están los demás, lo real es que siempre queremos saber cómo es y será nuestra calidad de vida.Una pregunta retórica es aquella que no se formula como interrogante sino como afirmación de tono interrogativo:
— ¿No te dije ya mil veces que no?
— ¿Esa es una advertencia o una amenaza?
— ¿Qué más puedo hacer?
Las intenciones comunicativas reales respectivamente son:
— Deberías saber que mi respuesta es negativa;
— Me estás amenazando.
— Están abusando de mí.
Cuando un vendedor llega a la entrevista con su cliente le hace una pregunta retórica diciéndole: «Hola, Rodríguez, ¿cómo le va?».
La intención comunicativa real es: «Hola, Rodríguez, voy a ganar dinero con usted, ¿sí o no?»
Todos sabemos que esta fórmula tan explícita y sincera no sería del agrado del potencial comprador.
Sin embargo si el cliente es una persona adulta, realista y emocionalmente madura debe saber que la intención del vendedor se restringe exclusivamente a ganar dinero y que si por algo quiere saber sobre cómo está su comprador es para saber si le seguirá generando utilidades o no.
Lo comprendemos mejor cuando llegamos al gran (y único) modelo real que nos provee la vida campesina: La familia quiere saber si la vaca está sana y sigue dando leche para poder desayunar, para hacer tortas, para fabricar quesos.
Esta explicitación que contiene mi artículo no posee el ánimo de herir la sensibilidad de mis lectores sino simplemente recordar algo que todos sabemos pero que sistemáticamente dejamos fuera del campo de la conciencia: amamos lo que nos sirve, satisface nuestras necesidades y deseos.
El amor siempre es narcisístico sólo que cuando incluye la participación de agentes externos, lo que es «amor a sí mismo» se expande para incluir el «amor al prójimo» ... siempre y cuando nos sirva.
●●●





